Maitane Petralanda

Psicóloga Bilbao

CÓMO HABLAR DE LA ENFERMEDAD/CÁNCER CON LOS HIJOS/AS

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¿Qué les decimos? ¿Hay que decirles todo? ¿Y cuál será la manera más adecuada de hacerlo?

Sin duda es una pregunta que muchas veces nos hacemos sin tener muy clara la mejor forma de proceder. Sin embargo, lo cierto es que podemos decirles la verdad, de modo que puedan entenderla, haciéndoles saber por ejemplo, que aita/ama está enfermo/a, que los médicos aún están determinando el diagnóstico, que están haciendo todo lo posible para que aita/ama se recupere, cuáles son las pruebas a las que nos tenemos que someter, … Será posible, a su vez, comunicarles que habrá momentos en los que estemos cansados y no podamos jugar con ellos, o que estaremos tristes, que tendremos miedo…

No hará falta comunicarles toda la información con detalle a no ser que lo pregunten. Se trata de informarles de la situación y de que ellos también puedan cumplir con un rol activo en el cuidado de la persona querida. Podrían ayudar en alguna cura, o acercar el fármaco que ha de tomar el familiar…se trata, en definitiva, de que, ante la imposibilidad de controlar la llegada de la enfermedad, puedan sentir al menos, cierto control de la situación evitando así caer en la indefensión aprendida, es decir, en el pensamiento y sentimiento de que ya nada se puede hacer. Es importante en todo caso, mantener la esperanza y cuidarse mutuamente.

¿Qué hacer si el familiar fallece? ¿Es conveniente llevarlos a los ritos funerarios y de despedida?

Pues sí, es importante compartir también esa emoción de tristeza, que también puedan despedirse del ser querido a su manera, que puedan compartir su tristeza con demás familiares y a su vez, sentirse arropados. Al fin y al cabo, no deja de ser una situación que forma parte de nuestra realidad, y que por mucho que queramos proteger a nuestros hijos/as y evitar su sufrimiento, será la vida misma la que en un futuro les vuelva a poner ante situaciones similares y es por ello importante que aprendan a tolerar las frustraciones y a expresar el dolor junto a los demás. De este modo, no solamente criaremos hijos/as emocionalmente más fuertes, sino que también les enseñaremos a buscar apoyo emocional cuando lo necesiten. Y no hay hecho, teniendo en cuenta nuestra condición de seres sociales, que pueda reconfortarnos más.

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