Maitane Petralanda

Psicóloga Bilbao

NUEVAS MATERNIDADES Y NUEVOS RETOS QUE AFRONTAR

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Vivimos en una sociedad en continuo cambio y en ocasiones llena de incertidumbres, donde el trabajo, la falta de tiempo, el cansancio y el estrés y otras muchas preocupaciones se suman a nuestros días, repercutiendo de manera directa ya sea en el deseo de concebir un hijo/a como a la hora de decidir cuándo queremos ser padres y madres.

 

 

Hoy en día en nuestra sociedad el promedio de edad en el que las mujeres deciden iniciarse en la maternidad ronda los 35-38 años. Esto significa que, al tratarse de una edad biológicamente avanzada, puedan surgir diversas complicaciones gestacionales, como dificultades a la hora de concebir, interrupciones terapéuticas del embarazo, o incluso posibles pérdidas gestacionales debidas a causas diversas.

 

Los sentimientos de culpabilidad que se puedan derivar de estas complicaciones, la sensación de soledad e incomprensión que suelen acompañar a estos procesos o en el peor de los casos los episodios de intenso dolor emocional que aparecen ante la pérdida del bebé, junto con el temor y la vergüenza a la hora de expresar esos sentimientos de tristeza en el entorno más cercano, hacen imprescindible que nos sintamos arropadas y cuidadas emocionalmente durante todo ese camino.

 

En todas estas situaciones es posible que aparezca la sensación de no saber qué hacer con todos los preparativos y fases que se ponen en marcha ante el anuncio de la llegada del bebé, que puedan aparecer dificultades a la hora de comunicarse con la pareja, y que por ello se vea en cierta medida resentida la intimidad de la misma.

 

Es precisamente la posibilidad de hablar de todos estos malestares, incertidumbres y esperanzas la pieza clave que permitirá que nos sintamos arropadas y cuidadas en esos aspectos emocionales.

Ese bebé, ese hijo nuestro esa hija nuestra, existe en nuestros pensamientos desde mucho antes del embarazo, en todo eso que podemos imaginar, respecto a cómo será, a quien se parecerá, en cuanto a lo que querríamos evitar en su crianza y lo que quisiéramos incluir. 


Ese niño, esa niña viene a incorporarse en la historia que le precede y es ahí donde podemos encontrarnos con nuestra propia historia personal.


 Se trata, en definitiva, de favorecer la llegada del bebé como un otro, de manera natural y humana, logrando sanar en el proceso que lleva al nacimiento las heridas y dificultades personales y abriendo como consecuencia de ello un camino nuevo, distinto y sano que se convierta en la mejor garantía para construir ese nuevo futuro.

 
 
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